1 Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos.
¿Ejército? ¡¿Ejército?! ¡Ojalá esto quiera decir «numeroso», o algo así!
2 Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.

Dios estaba cansado… aparentemente su omnipotencia no está por encima del cansancio.
3 Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.
Y miró Dios a la Luna y vio que había cambiado de fase y dijo Dios: «Sea la semana de siete días, por las fases de la Luna»
4 Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos,
5 y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra,
6 sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra.
Y uno se pregunta, si sabían cómo funcionaba el ciclo del agua en la Tierra, ¿por qué había que inventarse eso de que «Dios aún no había hecho llover»?
7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
Pero… ¿fue el día ocho (cinco)? Supongo que sea que regresamos en el tiempo al día seis (tres).
8 Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.
Mmm… ¿no se había creado al hombre y a la mujer, en el sexto día, al mismo tiempo?
9 Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
¿No había creado ya todas las plantas?
Mi cabeza me duele…
10 Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.
11 El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro;
12 y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice.
Pero no era como el oro de otros lados que era malo…
¡Compro y pago bien cualquier pedacito de oro de Havila!
13 El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus.
14 Y el nombre del tercer río es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.
15 Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.
Mmm… y… ¿exactamente para qué hacía falta «labrarlo y guardarlo»?
Sería para que los leones no se comieran los árboles del huerto. Sí, debe haber sido para eso.
16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.
Y el hombre le dijo a Dios: «Ven acá asere, ¿por qué lo pusiste en el medio del huerto si no quieres que lo pruebe? ¿O es que en realidad sí quieres que coma de él porque de eso depende todo tu plan?»
18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.
¡Bufff! ¡Ayuda idónea! Cualquiera que esté o haya estado casado alguna vez sabe que esto es falso… Ayuda idónea…
Además, se puede ver el machismo rechinante de la Biblia (disculpable porque la escribieron gentes que pastoreaban ovejas hace miles de años): la mujer es siempre secundaria al hombre.
19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre.
Por eso en todos los idiomas, todos los animales se llaman igual (sé que van a hablar de Babel después pero… ¡qué más da!)
20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.
Adán miró con lascivia a una cabra pero Dios le dijo: «¡Ni pienses en meter tu cosa ahí!»
Había también una chimpancé muy bonita…
21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.
Pero… ¿por qué? ¿por qué no tomó otro bulto de tierra y creó a la mujer? ¿Se le había acabado el suministro de «aliento vital»?
No, no fue por eso: hay que reforzar la idea de que la mujer es secundaria, solo una parte de alguien más perfecto. Las mujeres no son realmente personas completas: dependen del hombre hasta para pensar.
22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.
Y dijo Adán: «¡Mjhé! La cabra me gustaba más.»
23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.
24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.
¿De qué había que avergonzarse?
Yo no me avergüenzo de estar desnudo com mi mujer… y no somos los únicos en el mundo. Y si fueramos los únicos en el mundo ¿de qué avergonzarse?